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Ralladores y lascadores

Rallar no es solo el queso del macarrón. Un buen rallador hace pan rallado de la barra dura de ayer, ralla la zanahoria de la ensalada, la patata del rösti o la piel del limón para el bizcocho. La pregunta correcta no es “¿cuál es el mejor?”, sino ¿de cuántas caras lo necesitas? El rallador de 4 caras es el todoterreno: grueso, fino, lámina y polvo en una sola pieza que se sostiene sola. El plano con mango ocupa menos y va directo sobre el plato — ideal para terminar en la mesa.
¿Y el lascador? Es el secreto de las lascas finas de parmesano o curado tipo restaurante: en vez de rallar, corta virutas anchas con un gesto. Si en tu casa el queso se respeta, es de esos utensilios de pocos euros que dan una alegría desproporcionada.
Todos en acero inoxidable, que no se destempla ni coge olores. Para cortes en lámina larga y regular — patata, calabacín, cebolla — el trabajo fino lo hacen las mandolinas.

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